Antonio Ángel Agudelo

ERuiseñor de  Keats

Antonio Ángel Agudelo

(Villaviciosa, Córdoba, 1968) is a poet, anthologist, essayist, and literary researcher. He studied at the Universidad Laboral de Córdoba. Each new book by this unclassifiable poet who exercises poetry as a priesthood, retired in the solitude of the woods, is an event. His works include: “El Sueño de Ibiza”, (1st and 2nd edition Diputación Provincial de Córdoba, 2008 and 2011), (3rd Ed. 2012, Ediciones Depapel); the anthology “Paisajes Corchúos”, (2009, Provincial Council of Córdoba); “Madreagua”, (2012, Ediciones Depapel); "The Thermal Power Plant. Haikús ”, (2012, Ediciones Depapel); “The Liquid World”, (2014, Editorial Celya), which traveled to the Library of Congress in Washington, "El Cielo Ajedrez (2016, Editorial El sastre de Apollinaire); and the bilingual anthology:" El Cielo Ajedrez. Sky Chess ", (2nd edition) translated into English by Claudia Routon (University of North Dakota (USA)," The Athlete from the Abyss ", (2018, Editorial Catorcebis); and" The gold of lightning where the universe ", (2019, Editorial Elvo).

Agudelo has been translated into English by Claudia Routon and into Portuguese by Aurora Cuevas Cerveró. He usually participates in the Cycles "Literary Appointments", of the Provincial Deputation of Córdoba, and "Capital Letters", of the Andalusian Center of Letters, and in the programs of the Community of Artists "Under the Hat, Point and Followed", of Radio Miami (USA).

At the same time, Agudelo has cultivated the essay around the poetic experience with "The initial word, theories of the world". He has been a jury of the prestigious poetry awards Acordes and Vicente Núñez. It has been included in the anthologies: "On foot of peace" (Javier Fernández, Plurabelle, Córdoba, 2003; "La Luna en Verso" (Francisco Acuyo, Granada, 2013); "Mapuche", "Zenobia Camprubí and Juan Ramón Jiménez" (Basque Country, 2014); "Quejío", (Córdoba with Grito de Mujer 2015); and Poetry in the Cellar (Antonio Flores, Ateneo de Córdoba, 2017. He has participated in the magazines: "Noche Laberinto" (Colombia), " Desván "(Madrid)," Sopa de Ornitorrinco "," Suspiro de Artemisa "(Córdoba), El volar del flamenco (Cartagena) etc. He has participated in the International Festival" Cosmopoética, Poets of the World in Córdoba (2011 and 20012) " ; in "La Noche en Blanco de Granada (2013)"; in the III International Poetry Meeting Ciudad de Úbeda (Jaén, 2016); and in the VIII Mystical Poetry Meeting in the Monastery San Miguel de Escalada (León, 2017) Currently collaborates in the International Magazine of Culture Visit Me Magazine, New York (USA)

DEDICADA AL GRAN POETA Y PINTOR
     JUAN CARLOS MESTRE

Juan Carlos Mestre (Villafranca del Bierzo, León, 1957), poeta y artista visual, es autor de varios libros de poesía y ensayo, como Antífona del Otoño en el Valle del Bierzo (Premio Adonáis, 1985) La poesía ha caído en desgracia (Colección Visor, Premio Jaime Gil de Biedma, 1992) o La tumba de Keats (Editorial Hiperión, Premio Jaén de Poesía, 1999). Su obra poética entre 1982 y 2007 ha sido recogida en la antología Las estrellas para quien las trabaja (2007). Con La casa roja (Editorial Calambur, 2008), obtuvo el Premio Nacional de Poesía 2009. Con La bicicleta del panadero (Editorial Calambur, 2012)  recibió el Premio de la Crítica. También  Museo de la Clase Obrera (Editorial Calambur,  2018), 200 gramos de patatas tristes (Escrito en idioma gallego, Editorial Espiral Maior, 2019),  y la antología La hora izquierda (Editorial Calambur, 2019). En el ámbito de las artes plásticas ha expuesto su obra gráfica y pictórica en galerías de España, EE.UU., Europa y Latinoamérica. Fue Mención de Honor en el Premio Nacional de Grabado de la Calcografía Nacional en 1999. Pueden adquirir sus obras en la Editorial Calambur y sus libros de autor en El Caracol Descalzo: http://www.elcaracoldescalzo.com/

“De lo ajeno he tenido la bondad de la tierra
y de lo mío la nada en su infinita certeza”
                                Juan Carlos Mestre

EL ADEPTO

Erguida estás, señal
José Miguel Ullán

He leído durante toda la noche el Discurso sobre la dignidad del hombre 
              de Pico de la Mirándola,
de él se deduce que el 14 de mayo de 1486 no existe,
que la primavera y la juventud son hijas de Marsilio Ficino,
que la belleza es por derecho mitológico esposa del trípode y el camaleón.
 
Acepto haber leído el destino en un vaso de agua seis mil años antes de
              la muerte de Platón,
acepto haber alimentado un animal de uñas curvas,
acepto la influencia de los magos persas.
No tengo hijos, ¿acaso he cometido un crimen?
Tampoco tengo energías para la épica.
Confieso adorar descalzo el triángulo de la piedad que otros llaman cubo
                de Zoroastro,
confieso mi creencia en la teología del número 7 y la gestación de
                 los donantes de calor,
confieso mi fe en Timeo de Locros astrónomo de lo diverso.
 
He leído durante toda la noche el árbol de la conjetura,
de sus frutos he traído a mi casa la escalera circular junto a la que
                  Jacob tuvo un sueño
y el testimonio sobre la naturaleza celeste de todas las piedras.
Asumo haber prestado atención a lo que impide,
asumo la visitación del pródigo y la música de las esferas,
asumo no haber dejado escrito nada que no me haya sucedido en el futuro.
 
He leído durante toda la noche el Discurso sobre la dignidad del hombre,
de él se deduce la aritmética del mar y la Ley bajo la corteza de la encina,
de él se deduce el río de la ciencia y la golondrina de los caldeos,
de él se deduce la inexistencia de la muerte y la fecundidad de lo discutible.

“He contemplado a los pájaros
   resolver en el vuelo el misterio del aire”. 
                                  Juan Carlos Mestre

“Soy el que camina sobre las aguas de la imaginación
 y ya no habrá estrellas que pasen de largo”.  Juan Carlos Mestre

CAVALO MORTO

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.
Un poema de Lèdo Ivo es una luciérnaga que busca una moneda perdida. Cada moneda perdida es una golondrina de espaldas, posada sobre la luz de un pararrayos. Dentro de un pararrayos hay un bullicio de abejas prehistóricas alrededor de una sandía. En Cavalo Morto las sandías son mujeres semidormidas que tienen en medio del corazón el ruido de un manojo de llaves.
 
Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.
Lèdo Ivo es un hombre viejo que vive en Brasil y sale en las antologías con cara de loco. En Cavalo Morto los locos tienen alas de mosca y vuelven a guardar en su caja las cerillas quemadas como si fuesen palabras rozadas por el resplandor de otro mundo. Otro mundo es el fondo de un vaso, un lugar donde lo recto tiene forma de herradura y hay una sola calle forrada con tela de gabardina.
 
Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.
Un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo es un río  que madruga para ir a fabricar el agua de las lágrimas,  pequeñas mentiras de lluvia heridas por una púa de acacia. En Cavalo Morto los aviones atan con cintas de vapor el cielo como si las nubes fuesen un regalo de Navidad y los felices y los infelices suben directamente a los hipódromos eternos por la escalerilla del anillador de gaviotas.
 
Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.
Un poema de Lèdo Ivo es el amante de un reloj de sol que abandona de puntillas los hostales de la mañana siguiente. La mañana siguiente es lo que iban a decirse aquellos que nunca llegaron a encontrarse, los que aún así se amaron y salen del brazo con la brisa del anochecer a celebrar el cumpleaños de los árboles y escriben partituras para el timbre de las bicicletas.
 
Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.
Lèdo Ivo es una escuela llena de pinzones y un timonel que canta en el platillo de leche. Lèdo Ivo es un enfermero que venda las olas y enciende con su beso las bombillas de los barcos. En Cavalo Morto todas las cosas perfectas pertenecen a otro, como pertenece la tuerca de las estrellas marinas al saqueador de las cabezas sonámbulas y el cartero de las rosas del domingo a la coronita de luz de las empleadas domésticas.
 
Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.
En Cavalo Morto cuando muere un caballo se llama a Lèdo Ivo para que lo resucite, cuando muere un evangelista se llama a Lèdo Ivo para que lo resucite, cuando muere Lèdo Ivo llaman al sastre de las mariposas para que lo resucite. Háganme caso, los recuerdos hermosos son fugaces como las ardillas, cada amor que termina es un cementerio de abrazos y Cavalo Morto es un lugar que no existe.

“Sé que las palabras son el único refugio ético y moral
   que tiene la vida”.  Juan Carlos Mestre

LA CASA ROJA

Alguien anda diciendo que en las afueras de la ciudad hay una casa roja. Una casa donde los cardenales negros sacrifican papagayos a la voz del diluvio. El diluvio tiene las barbas blancas como el sauce de la jurisprudencia un domingo de bodas. Los predicadores aman la tempestad y golpean con sus Biblias de nácar la erección de los guardiamarinas. Las familias beben alcohol, se santiguan, recolectan insectos. El niño de la lámina se masturba plácidamente con la transparencia. La rosa de Jericó huele a vainilla. Alguien anda diciendo que en las afueras de la ciudad hay una casa roja. Una casa cuya ilusión está llena de peces, el pez de San Pedro, la conciencia del delfín encerrada en el aro de la bahía desierta. Lorenzo de Médicis tenía una casa roja, las maniquíes de Bizancio tenían una casa roja. Mi corazón es una casa roja con escamas de vidrio, mi corazón es la caseta de los bañistas cuya eternidad es breve como columna de lágrimas. El minotauro hace rodar sus ojos por el acantilado de las estrellas, la herida del anochecer hace su nido en la arena. Yo hablo con alas, yo hablo con lava de lo ardido y humo de diamante. La geometría bebe veneno, en el canto de los pájaros suena la armonía del baile de los muertos. En la casa roja hay una mesa blanca, en la mesa blanca hay una caja de plata con la nada del sábado. La intemperie gime contra los muros, la tristeza gime contra los mármoles. El profeta tuvo una casa de papiro a la orilla del lago, la muchacha del ghetto vivió en la casa de las preguntas. Mi mano izquierda luce un anillo de agua, en el camafeo de la supersticiosa brilla el mercurio de la temperatura. Lo que canto es lumbre, caballos lo que canto contra la aritmética y los números. Alguien anda diciendo que en las afueras de la ciudad hay una casa roja, una casa bajo el índice del cielo y el negro nenúfar de la amante devota. El muchacho con ojos de ebonita ama la enfermedad y el rubí de los reyes. Las mujeres hermosas sueñan con acuarelas, sueñan con garzas y volúmenes y súbitos prodigios sobre las alfombras de lana. Yo vivo extraviado entre dos rosas de sangre, la que tiñe la calamidad de impaciente belleza, la que tiñe la aurora con su astro eucarístico. Mi voluntad tiene la cólera del orfebre, mi capricho tiene el óxido de tu frente de hierro. Nadie cruza los bosques malignos, nadie sobre la yerba de la muerte escucha el desconsolado discurso de las ceremonias asiduas. Yo veo el arco iris, yo veo la patria de los músicos y el olivo de los evangelios. Mi casa es una casa roja bajo la fibra de un rayo, mi casa es la visión y la beldad de una isla. Aquí cabe la gala del mandarín y la escrupulosa usura de las edades antiguas. Esta casa mira al norte hacia las lagunas de helechos, esta casa mira al sudeste azotada por el aliento de los que piden limosna.

“Dicen que cada siete segundos pasa desapercibido un milagro”
                                                              Juan Carlos Mestre

SALMO DE LOS BIENAVENTURADOS

Ávida vena, dame tu cordel
Antonio Gamoneda

Bienaventurado el que a los cuarenta años aún no ha conocido la
           recompensa y llama virtud al cordón de un zapato,
el  hombre sin convicción que tumbado en la hierba pasa el día durmiendo 
           y discute sobre el esfuerzo con los saltamontes.

Bienaventurado el que soporta el préstamo de la verdad, el excavado en  
           piedra y el que construido en paja es alternativamente señor de la 
           nada y rey de un solo vasallo.

Bienaventurado tú que sin llamarte Juan no eres otro que Juan el explícito, 
            el padre del aire cuyos hijos heredarán los molinillos de viento.

Bienaventurado el que ha pasado la noche con la insignificancia, porque    
            embellecido por la privación será de él alguna vez la ausencia,
el que es vecino de dos bocas, el de la voz menuda al que le falta un diente, 
            el hombre sin pretexto que tuvo un asno, una boina, un chivo.

Bienaventurado el que ante el argumento de la pólvora tuerce su hocico de 
            linterna y habla alto, el que paga su aullido con la vida, el que en un
            instante es articulación de lobo y árbol de rodillas.

Bienaventurado el pájaro cuyo canto despierta el corazón de una madre en
            las ramas de la tristeza.

Bienaventurado el manco y su violín de oxígeno, la abeja del azúcar que 
          liba la corteza de los licores blancos.

Bienaventurado el viajero que vaga en lo concéntrico y traduce el límite, la 
             fertilidad del sacrificio, la teología de las medallas de la luna.

Bienaventurado el que  emigra al borde de su amor, porque de él será la   
              extraña fruta del animal del sábado.

Bienaventurado el esqueleto de Rimbaud y su pájaro influyente, único
              héroe en el festín del cráneo.

Bienaventurado el que ante la alusión de los espejos se vuelve pensativo y
              amablemente azul sus lágrimas ignora.

Bienaventurado lo inmortal del muerto, la excusa del sombrero y su balido, 
             el repentinamente desahuciado en el paladar de tablas de la muerte.

Bienaventurada la golondrina de madera que le late al niño antes de   
              conocer el sexo.

Bienaventurado el aire de la soledad del péndulo, el manso bajo el sol y la 
              virtud del ciego, la esponja que da de cantar su lluvia a la garganta.

Bienaventurado el que apoyado en su bastón está toda la noche ahí y es 
                piedra de la luz, piedra de la edad, los dos ojos del pájaro en el 
                collar del cero.
Bienaventurado el astro que ignora su caballo y ha cerrado el párpado, la 
               agria lepra que arde en las arterias, la sal del paraíso.

Bienaventurado el que condensa lutos negros, porque de él será la última 
               soga del relámpago, el primer peldaño en la escalera del  
                descendimiento.

“La poesía no es el pararrayos de las lamentaciones”.

                                                   Juan Carlos Mestre

EL NIÑO JOHN NO ES EL NIÑO JUAN

El niño John no es el niño Juan
Los ojos del niño John y los ojos del niño Juan no ven las mismas cosas
              en el fondo del lago.
 Bajo los párpados del niño John la sed es un caballito de mar que vale 
              dos dólares.
 Bajo los párpados del niño Juan aletean las mariposas negras del vendedor 
               de sandías.
 El niño John tiene un martillo de cristal, el niño Juan tiene una nuez
                transparente.
  Las manos del niño John cuentan las semillas de las estrellas, los dedos 
                  del niño Juan juegan con la chapa de la luna nublada.
  Los ojos del niño John y los ojos del niño Juan no miran a los mismos 
                  pájaros que tiemblan en la oscuridad.
    El niño John trae a su madre el declive de la montaña, el ruido del río, 
                    la perla de granizo le trae el niño Juan.
  Cuando se hace de noche la sombra del niño John sueña que es la sombra 
                    del niño Juan cuando se ha hecho de día.

METAFÍSICA DEL INQUILINO

Viven al fondo. Arriendan cuarenta metros en el suburbio de las partículas elementales. Nunca han oído hablar de Heidegger. Ignoran las correspondencias entre la penuria y la naturaleza de los símbolos. Leen las instrucciones de las sopas de sobre y el prospecto de los analgésicos. Tienen madres consternadas ante el irreconocible ángel de los desordenes. Escriben sobre servilletas pensamientos rimados que arrugarán un premeditado crepúsculo. No subrayan libros para distanciarse de su propio argumento, pero se acuerdan de Santa Bárbara cuando truena. Recuerdan a las mujeres que entraron en las desapariciones y de las que allí se alimentan con los desperdicios de las grandes palabras. Han dejado como limosna sus dientes de leche en el apeadero de los lazaretos. Metódicos van hacia ninguna parte y llegan. Adormecidos en el suburbano regresan de lo indiscernible con la cabeza vendada. Frecuentan la videncia del ebrio. Suplantan al árbitro cada domingo, gobiernan sobre las ensoñaciones, cenan solos en las freidurías del Génesis. El universo se expande cuando asustan a las palomas y los gatos se yerguen en dueños de su animal primitivo. De hecho, simples composiciones de la materia, de hecho algo sabias criaturas, se arrodillan en los oratorios ante la omnipotencia de las radiografías. Viven al fondo. No han oído hablar de Heidegger ni de la voluntad de los símbolos, ignoran lo definitivo y el espíritu de la penuria. Nunca serán glorificados. Son los apóstatas amenazados por la eternidad. Son la doble unidad que desmenuza el psiquiatra en el silabario de las ocultaciones. Son las gallinas del hipocondríaco perseguidas por el diablo.

“De joven detenía las nubes con la mirada y quería ser presidente
    de la pobre gente”.  Juan Carlos Mestre

METAFÍSICA DEL INQUILINO

¿Dónde comienza mi memoria?

Amos Oz

Mis antepasados inventaron la Vía Láctea,
dieron a esa intemperie el nombre de la necesidad,
al hambre le llamaron muralla del hambre,
a la pobreza le pusieron el nombre de todo lo que no es extraño a 
      la pobreza.
Poco es lo que puede hacer un hombre con el pensamiento del hambre,
apenas dibujar un pez en el polvo de los caminos,
apenas atravesar el mar en una cruz de palo.
 
Mis antepasados cruzaron el mar sobre una cruz de palo,
pero no pidieron audiencia,
así que vagaron por los legajos
como los erizos y los lagartos vagan por los senderos de las aldeas.
 
Y  llegaron a los arenales,
en los arenales la tierra es brillante como escamas de pez,
la vida en los arenales sólo tiene largos días de lluvia y luego largos 
       días de viento.
 
Poco es lo que puede hacer un hombre que solo ha tenido en la vida estas cosas, apenas quedarse dormido recostado en el pensamiento del hambre
mientras oye la conversación de los gorriones en el granero,
apenas sembrar leña de flor en la sábana de los huertos,
andar descalzo sobre la tierra brillante
y no enterrar en ella a sus hijos.
 
Mis antepasados inventaron la Vía Láctea,
dieron a esa intemperie el nombre de la necesidad,
atravesaron el mar sobre una cruz de palo.
Entonces pusieron nombre al hambre para que el amo del hambre
se llamara dueño de la casa del hambre
y vagaron por los caminos como los erizos y los lagartos vagan por 
      los senderos de las aldeas.
 
Poco es lo que puede hacer un hombre con las migas de la piedad, comer pan mojado los días de lluvia  a los que luego seguirán largos días de viento y hablar de la necesidad, hablar de la necesidad como se habla en las aldeas de todas las cosas pequeñas que se pueden envolver con cuidado en  un pañuelo.

“La minoría de mi cabeza: un animalito azul que ejerce de enamorado solar”.
                                                                              
                                                                                         Juan Carlos Mestre

HISTORIA SECRETA DE LA POESÍA

Al octavo día los poetas despreciaron la serpiente, Ilhan Berk añadió entonces una torre al Mar de Galilea, el ciervo fue al mercado, la luz afiló su noticia en las columnas. El viento todavía no inclinaba el humo, no había moscas en el matadero. Al día siguiente el cuello de las floristas se alargó hasta el primer centenario, la tierra se desnudó, Ilhan pensó en todas las cosas que no había hecho.


Era el séptimo día, es decir un huevo de alondra. Ilhan se avergonzaba ante su saber porque no llovía y la rama de olivo ya había sido cortada. Entonces llevó a sus hijos al cine, fue al taller del zapatero, compró panecillos. Cayó la noche como una pelota de goma en el patio de al lado. Ilhan la recogió y la puso en la puerta del sexto día para que jugaran Ivy, Leila y Ahmet.

Así fue, llegó el quinto día preguntando dónde vendían pescado, la hija del afilador fue en bicicleta a llevarle pan a su erizo, las rosas salieron del aburrimiento, el amarillo eligió su oficio.

Deprisa se hizo la noche cuarta, salieron los rebaños sobre las chimeneas, la luna pacía con las gacelas y los membrillos olían como los bazares. Ilhan hizo café de higo, pensó en una llave y se acostó.

Al tercer día se oyó decir que alguien había inventado una silla, Ilhan miró al sol, se acordó del desierto y le envío una carta. Le había crecido la barba como un jardín y fue a dar una vuelta por Estambul.

Era ya la víspera del primer día cuando una mujer preguntó la hora en qué habría de nacer su hijo. Tenía la cara pálida como las manos de las lavanderas. Eso quiere decir que alguien podía hervir agua y regar los geranios al levantarse, también ir a una isla y regresar. Ya casi era hoy.

Las gallinas cantaban, sus patas eran azules como la historia de un viaje contado en la cantina. “Puede oírse el cielo”, dijo.

Al día siguiente Ilhan se puso una camisa blanca y descansó.

Del libro: La Casa Roja, (Editorial Calambur, 2008)

QUE YO TE AME

Que yo te ame como se aman el cartógrafo con el pastor y la hilandera de la rosa de yodo con el maravedí de mayo. Que yo te ame como se supone está previsto el amor entre el ujier del violín y el espantapájaros en el tablero de damas, ese hombre que pierde la vida en los acantilados y es la boca del romeo de espinas. Que yo te rapte como la sigilosa rapaz alza al roedor hasta su grieta más alta desde el hayedo nevado y en él hace cama para la herradura y el río. Pues sólo la posesión es la pérdida, timidez bajo las barajas solares, seda de alacrán para el insecto de sal interrogado de espejos sobre la glorieta de rocas. Que sea yo el delirante y tú la transparencia de las figuras que se asoman al mundo como profecía y lenguaje que saluda a las cosas. Sea el bosque donde orinan el jabalí y el rey observados por la destreza que descifra el pájaro y la incomprensible canasta en la que deja su encargo de pontificio funeral el múrice. Sea el fruto retórico de la deformidad, los acopiadores de crucificadas presencias con pistilos y su fragmento mamífero de bellos animales afinados en las clavijas, la ley de los actos casuales que al doblador del carnero vinculan a su vínculo.

Que yo te ame como se aman los indiferentes y los transeúntes, la mosca de las asambleas y el mirlo amarillo ardilla de los solitarios, que me alimente contigo y me pasten tus ojos y permanezcas en el entorno de ti como esa especie de fiebre de hambre permanece para siempre junto a la tumba inglesa de las combatientes. Tú me consientas como una noche a otra le consiente el pulso negligente de su engañada estrella, carbón picado por viruela que entre fatigados astros su esclava nuca ofrece al resplandor de junio. Que yo te ame como todos los que alguna vez se han amado, como se supone ama el corazón que sube entre avispas los peldaños y la cerilla de agua que a su diván de nieve con brevedad nocturna lo desciende. Que yo te ame como pasa un tren por la cremallera que abre las dulcerías de Viena y la berlina de hilo hacia turbios mapas por la escalinata de botones corre. Que sea miércoles y que sea sábado, que sea un capítulo el amanecer y otro la alcoba de la cuarta hoja a la que emigra el trébol. Pero que aun así yo te ame como una mujer ama a otra mujer y eso sea también el número ocho regalado a la vitrina de madejas por el imán de los anfiteatros.

Que yo te ame como un hombre quiere a otro hombre y sea el viento que agita los castaños y sale con ellos don agosto de pesca y juntos comparten la cantimplora y el mirador del aliento que da magistratura a los vinos. Que yo te ame como se aman las manecillas de níquel en los relojes sin hora, como la bicicleta que apoyada en el árbol espera a su enfermiza estatua de invierno. Que te ame a las seis cuando guarda su dedal en el cajón el sastre y sobre los ojales del paraíso se derraman los hervidores de leche. Cuando yo te ame tenga yo en mi mano una piedra negra y ruede su aro el niño por la falsa alfombra del escarabajo egipcio. Que llamemos a la nube nube y traiga veloz tormenta y llegue luego el rayo y esté la tierra como tú, mojada. Que cuando sea de día sea también de noche y el inquilino de todos los reinos oiga la interferencia de los mendigos en su aparato de radio. Y haya resurrección de los discretos al borde de las autopistas y haya lobeznos en las urces nevadas y sea invierno en los calcetines rojos y en la cabeza de virgen de las calabazas. Y pase por mi pueblo el mensajero del pupitre y el cervato que sueña el barco y la columna y el afluente de todos los ríos del amor sin nombre que buscan los escolares en la Enciclopedia Británica. Porque raro es el amor de quien abre los ojos en la cátedra del picaflor ante la fórmula del wolframio, rara la noche de la Tierra que sube de puntillas por las escalinatas y cierra su cancela al sentimental maestro que silabea en los meridianos, al perro de las cantinas que pide tres pintas y ladra bengala a la farera de Irlanda.

Que yo te ame, ruiseñor desigual y corazón con carcoma, como todos los que sufren pero se aman, naturaleza muerta, visigoda hermanita de hidrógeno. Que yo te quiera como se ama a la señora del laberinto de papel con el barbado alfiletero del pescador furtivo y se amará la fragata de chispas del alférez con la muñeca de olor de su violeta metálica. Y suceda el episodio de los solitariamente engañados en su arena, el musgo de los inconfesables establecidos en las afueras de su boca, suceda el liquen blanco y la fidelidad cuyo consejo es la muerte en los rincones apetecidos por la hiedra. Porque raro es el amor y su desnuda procedencia de marta cibelina, rara su verdad de muebles arañados por las habladurías. Bello y abstracto amor que vives solo entre partituras de ópera mostrando al leopardo tus agujas de túrgida esquina, bajo la ciudad de los días contados por el molinillo de café y los gallos de cristal rotos por el miércoles de ceniza. Raro amor vestido de arcipreste que caminas la neblina, como los pescadores de Galilea y los caribús levitan sobre las llanuras del Canadá. Amor zapato de madera que a dos palmos del suelo asciendes por la escalera invisible y eres prórroga del enfermo, pañuelo de los holandeses, amor báculo de la penicilina.

Que yo te ame como todos los que se aman, como todos los que alguna vez se han amado y aún se miran desde una isla a otra apoyados entre la barandilla del tintero y el tragaluz viudo del caleidoscopio, los que vivieron bajo alas de enormes mariposas y baten claras de huevo en el diminuto mausoleo de una estrella, aquellos que meriendan rosa y caracol en la provincia del organillero, unos dulcemente enlazados por las caderas, otros como ropa tendida en el suburbio de la coronación embargada. Amor de la mujer dormida junto al hombre que duerme, amor del hombre dormido junto al durmiente y de la dormida junto a la que duerme a su lado. Los que vacíos despiertan a medianoche y ya no están juntos, los que se velan bajo la única hélice, el joven ebrio simple faisán sin pareja, el viejo amor cabeza de gata del paraíso, el amor que es mandato sobre las criaturas del sueño, el amor sin oficio.

Del libro: La visita de Safo y otros poemas para despedir a Lenon (Editorial Calambur, 2011)

HABLO CONTIGO

Hablo contigo, ignoro dónde estás, hacia qué luz busca mi Ser el eco en que te escucho.

No hay usura en tu voz, yo sé que un aire limpio te respira, que algo redentor, alguna claridad que arrastra el río lleva el pensamiento tuyo.

Hablo contigo, una intacta pasión vive en tu fósforo, una única luz que no se apaga mientras la muerte fluye, mientras la muerte sufre esta palabra.

Y hablo, hablo contigo alrededor de un hueco, alrededor de mí como el que gira mutuo, como aquel que dentro de nosotros es próximo y se acerca con su haz luminoso de pureza.

Hablo ante el destino que imagina el hombre, eso de desvalido, eso de delirante y turbio hablo contigo. Y es de noche, es de noche en los dos como metal oscuro, y vemos como largamente la verdad extiende su único hilo de saliva, un único alfabeto en el rumor de todos.

Hablo contigo, oh bondad compartida de quien es silencioso, sombra de esa sombra que aletea y es vuelo de semejante elocuencia, el que escribe, el que escucha, el que lámina a lámina va enhebrando en el eco una voz que responde, esa voz en mí mismo, la que nos alumbra y persuade desde más allá de la muerte.

Del libro: La poesía ha caído en desgracia (2ªEd. Editorial Calambur, 2014)

ALEF

veamos esto. la autoridad del testigo dice te amo y la poesía del anochecer entra en la casa de la consolación donde cada persona recoge el origen de su pensamiento. con él puede interpretar el recuerdo del horror o la verdad de un astro. la autoridad del testigo es el sufrimiento. la melancolía inextinguible de las máquinas de tortura sobre las que Benjamin anotó con tiza alguna idea que ya se ha borrado. leyes sin rostro. palabras cuyo argumento no es otro que el silencio de las víctimas. veamos esto. la indiferencia es otra forma de humillación. otra hendidura en la cátedra del saber donde se lamentan los episodios. ciertas manualidades de la hermosura han desaparecido definitivamente con el descubrimiento de América. el resto entraron para no regresar en Auschwitz. los sentidos dejan de tener sentido cuando los errantes por el duelo llegan a la parte ausente de sí mismos. la verdad es pesimista. la violencia está impecablemente dispuesta a la espera de ser ejercida. en primer lugar. en segundo lugar. en tercer lugar todo estratega militar es en potencia un asesino profesional. cuanto más pronto abandonemos la noción alemana de hegemonía antes regresaremos a la desaparición de las promesas. los años que no han pasado todavía ruedan como el anillo de una campesina hacia los dedos judíos del sábado. no pretenderás tras los desastres ir a chupar las cucharillas del cine. la filosofía en colores de la comodidad. el relato de los testigos mientras la clientela apoltronada en las butacas saborea palomitas de maíz. la barbarie. las cenizas. el humo hecho humo sobre lo que significa cada fin de semana la felicidad. veamos esto. la responsabilidad civil de la imaginación. tengo a mano un librito de Keats editado en Barcelona por Yunque en 1940. ¡el día murió y todas sus dulzuras murieron! (the day is gone, and all its sweets are gone!) cualquier inocente tiene derecho a decir: queda terminantemente prohibido no recordar las desgracias.

CRÓNICA DE LA EDAD MEDIA

Son los mismos que en la Edad Media tiraban piedras a los leprosos
Una cuadrilla de pendejos que escucha Las Valkirias a todo volumen
Son las mismas carcajadas de Berlín la noche de los cristales rotos
Van a lo mismo que iban en la Edad Media, a tirar piedras a los leprosos
Salen de caza, de mala manera abarrotan con liebres los trenes de mercancías
Cada mirlo de cementerio es una gota de lluvia y el agua ya llega al cuello
Los coros se han puesto en danza, los enamorados de la Tierra se abrazan por última vez
A esta hora, en Belo Horizonte, bajando por la ladera hacia el mar va Bartolomeu Bueno da Silva en busca de oro
Ante estos acontecimientos, Carlos Drummond de Andrade, cuyo corazón no es más grande que el mundo, está melancólico
Hace treinta mil años que las libélulas se han convertido en caballitos del diablo y que los erizos hablan en voz baja
Pero en los cuarteles resoplan las teteras y los oficiales arrancan sus motos
Los cisnes de cuello negro llevan una vida normal lejos de nosotros, los perros levantan la pata sin avergonzarse en cualquier esquina
De acuerdo al historiador Plutarco en época de Julio César cuatro millones de personas fueron vendidas como esclavos
Cuando los relojes comenzaron a girar los mercaderes encontraron la fórmula perfecta
Y los emigrantes y los pelícanos cruzaron el mar de las preocupaciones para alquilar un piso pequeño
Durante varios siglos la dinastía Tang se zampó a treinta y cinco millones de seres humanos
En un milenio la Europa católica acabó con las existencias en todas las excavaciones de sueños
Hace rato que Cristóbal Colón ha regresado de América y la noche de san Bartolomé Catalina de Medici se quita la máscara para saludar a sus príncipes
Durante el invierno siguiente los viajeros llegan a su destino, la quinta sinfonía del opio se extiende por el imperio chino
En los cuarteles resoplan las teteras y los oficiales engrasan sus motos
Todo está a punto para desenterrar a Blanquina March veinte años después de muerta, procesarla por judaizante: condenada, incautación de sus bienes, quemados sus huesos en la hoguera
No son las huellas del lobo que lame la mano del hermano pequeño
Son los mismos que en la Edad Media tiraban piedras a los leprosos
La mancha de Leopoldo Segundo rey de los belgas
Josecito y Adolfo aspirantes al título de peso mosca
Los mismos mal nacidos que arrojan propaganda desde los helicópteros

DE PESCA

Quizá solo hayan venido a recordarte que la dignidad
       es el prójimo
aquello para quienes ya todo ha pasado
y permanecen en el desprecio de algún instante futuro.
Andar con pies de plomo sobre la escritura
como al que le queda una cicatriz después del crimen
y un odio posesivo lo incita a declarar contra sí mismo.
Tal vez solo hayan venido a recordarte que la dignidad
desentierra la cuchara con la que se alimentó una víctima.
La boca que se abre es ahora el hambre de tu boca.
Acaso solo hayan venido a recordarte eso
que fue aquello y progresivamente es lo otro
la voz viuda que atraviesa la casa de los silenciosos
el huérfano que le desenreda la caña de pescar al viejo Eliot.

 “Las estrellas para quien las trabaja”.
                               Juan Carlos Mestre

TODOS LOS LIBROS LLENOS DE PALABRAS

Y todos los libros llenos de palabras
y todos los calendarios llenos de días
y todos los ojos llenos de lágrimas
y llena de nubes la cabeza de todos los mares
y llenos de coronas y puntapiés todos los relojes de arena
y de jirafas molidas todos los pechos condecorados
y todas las manos llenas de verano y caracoles marinos
y todos los dormitorios llenos de manojos de explicaciones
y de pantalones disecados las sillas en todos los prostíbulos
y todos los huecos llenos de público
y todas las camas llenas de electrocutados
y todos los animales llenos de espíritu y pánico
y de feroces gritos los árboles en todos los aserraderos
y todos los tribunales llenos de testimonios
y todos los sueños llenos de sacacorchos
y llenas de chicas todas las estrellas
y todos los libros llenos de palabras
y todos los calendarios llenos de días
y todos los ojos llenos de lágrimas
y todas las peceras y todos los pupitres y todas las cenas íntimas
y todos los razonamientos llenos de indudables edificios
y toda la primavera llena de moscas y crisantemos
y llenas todas las iglesias y todos los calcetines y todas las peluquerías
y todas las mujeres llenas de gloria
y llenos también de gloria todos los hombres
y todas las perreras llenas de ángeles
y todas las llaves llenas de puertas
y todos los bazares llenos de ratones
y llenos de barrenderos todos los cuadros
y llenas de estiércol todas las escobas de la patria
y todas las cabezas llenas de radiografías e intríngulis
y llenas de luz todas las subestaciones eléctricas
y llenos de amor todos los manicomios
y todos los cementerios llenos de salvavidas

Del libro: La bicicleta del panadero. (Editorial Calambur, 2012).

“Meted un bestiario en una jaula y echarle cerillas
hasta escucharlo cantar”.  Juan Carlos Mestre

ELLAS

Posiblemente se acaben de levantar y oigan a lo lejos un olor a pájaros dormidos. Posiblemente todo lo que era el mundo, hierba y galaxia, aún es sueño. Saben planchar, posiblemente dan de comer a hijos que no son suyos. Vuelven insignificantes a la vida, regresan al suburbio donde pensaron algún día no estar solas, ser As de Corazones entre las manos del crupier del sábado. Quitan el polvo a libros que jamás leerán, cambian las sábanas del catre donde se amaron otros. Nadie sabe qué dios de las pequeñas cosas aún les hace sonreír en las fotografías. Caminan hacia el metro, beatrices de Dante, julietas, lisas marias di noldo gherardini. Sobreviven sin culpa, ávidas, fervientes, despreciadas. Posiblemente odian, posiblemente sueñan.

De la antología: La hora izquierda. (Editorial Calambur, 2019)

en la aldea del apoyo mutuo el nombre ama anda por ahí como una cantinela a las ocho en la penitenciaria de la memoria se llama el principio federativo y la filosofía del progreso lo saben los codos del soldado que pasan de uniforme en uniforme el nombre por la manera en que los hiladores dicen no a la semana de cincuenta y siete horas y media las palabras atadas por los fabricantes a las mulas 1855 en las fábricas textiles catalanas el nombre de la voluntad es la facultad de decidir y ordenar la propia conducta las madres entran en el sueño en los sanatorios minuciosamente repetida envejece la misma estrella el nombre es favorable a la decisión de uno mismo se llame emancipación o se llame los desheredados los libros como los arrozales entierran sus sienes bajo el tiempo de las instauraciones el sudor la saturación de las grasas allí firma cada uno su rostro se posa en las sandalias de esparto para pertenecer a la aldea pacta sus huesos con el verano es el desierto quien presta sus peldaños a la escalera de jacob es el nombre quien dice cuanto los labios imitan definitivamente otra bondad que el saber desconoce una destilación de cebada que desvanece el rigor de la autoridad su himno movedizo dice algo a los padres famélicos se despide de la revolución en la calle pushkin los suprimidos se afilian a la federación de resistencia al capital los cucharones entran en la posesión del estado a remover el caldo de los procesos y el nombre que no había dicho tierra ni pronunciado libertad habla y dice tierra y dice libertad con su sola mirada el nombre es juicio habla con la pérdida y con lo que va hacia lo último de su verdad el nombre muerde su propia indefensión de lenguaje se desangra como los cerdos que la buena gente cuelga de los ganchos no grita el nombre para que se le entierre se sirve otra jarra de vino en la que los alguaciles echan sus cobres los perros los caballos a su manera son nombre la justicia humana arrojando sustento a las esposas abofeteadas tras la algarada del domingo poco antes el nombre ya ha gritado ¡viva la anarquía! pide sueño a la noche que se apropia con los dientes de las tierras comunales pide una biblioteca donde apoyar la mentalidad enseñanza mixta cooperativas escuelas racionalistas para las clases pobres sometido a la anticipación de lo invisible se levanta el nombre sobre los escombros de la guerra se concilia con las sociedades obreras y la resistencia a las hambres dice unión y solidaridad porque así el nombre nombra la acción directa que trae la ausencia de significados previos a las ciudades a las zonas industriales a los poblados mineros para hablar del beneficio para exigir la condición de la mujer para denunciar la explotación de los menores el nombre está ahí y significa lo que grita el sol desnudo el infinito metro cuadrado de los esclavos ¡libertad para todos! el ser desnudo el nombre desnudo del sol el alcohol de la vida

el 26 de noviembre de 1938 salvador allende envió un telegrama a hitler. el hexámetro del i ching da a entender que el hombre está solo en medio del conflicto. el viento entra por debajo de la puerta a secar la loza. los volantines se elevan hasta oler las estrellas en la quesería de los judíos matrai. según la línea quebrada del i ching en el caparazón de la tortuga están inscritas las estaciones del año. las lluvias retrasan el progreso. los frutos se pudren con facilidad. treinta y cuatro años después el ya presidente habla ante la asamblea general de la onu: vengo de chile un país pequeño. los mercaderes no tienen patria. esta frase no es mía es de jefferson. dice el i ching que el abismo está dentro del abismo y eso vale tanto para el que duerme en una cama estrecha como para el que dormita en una estrecha cama. manifiesta el i ching que la verdad no tiene término medio. la joven prepara su casamiento. el guatón va en bicicleta a comprar empanadas de pino. los camarones de tierra nacionalizan el cobre. las bestias de carga permanecen quietas. los liceanos recitan la oda al caldillo de congrio. el museo nacional se llena de arvejas. me dirijo a los trabajadores hablo a las mujeres cuya preocupación es defenderse. los limacos suben por la nariz de los caballos invaden las glándulas ocupan la industria del acero. kurt waldheim criminal de guerra nazi es elegido secretario general de las naciones unidas. el nudo se desata. los carneros embisten contra la cerca. concluye el sueño. los cachorros de la muerte roen huesos de mariposa ante las floristerías cerradas. mis palabras no tienen amargura seguramente esta será la última oportunidad en que pueda dirigirme a ustedes. seguramente esta será la última oportunidad. seguramente.

Del libro: Museo de la clase obrera / juan carlos mestre / Editorial Calambur, 2018)

Poética:

“Solo hay un acto, escribió Malraux, sobre el que no prevalecen ni la negligencia de las constelaciones ni el murmullo eterno de los ríos: es el acto mediante el cual el hombre arranca algo a la muerte. Lo difícil tal vez resida en poder vivir hasta su últimas consecuencias la vida del poema, escribirlo viene después, anotar lo inexpresable de aquella conjura contra el tiempo, hacer materia de memoria la experiencia de vida del que vive tal como le gustaría ser recordado. La vida, ha escrito mi amigo Jorge Riechmann, carece de sentido sin resistencia al mal. Muchas veces me he preguntado qué otro sentido podría tener hoy la poesía que no fuese la fundación de un acto, ya nuevo o reiterado, de conciencia, palabras sin dueño en la república de los borrados, de aquellos que conscientemente han renunciado a ejercer todo derecho que implique alguna forma de autoridad artística sobre los demás. En esa oscuridad resisto, de esa voz sin boca me alimento. Oigo voces, eso es todo”.

Enlaces de Entrevistas y Críticas de la obra de Juan Carlos Mestre:

Una lectura del Museo de la clase obrera, de Juan Carlos Mestre:

Juan Carlos Mestre o cómo hacer poesía entre los cascotes de un siglo:

La imaginación del maestro Mestre en La hora izquierda:

Palabras a favor de la dignidad:

Lo ilusionante del no saber:

Blog del poeta Antonio Ángel Agudelo: http://aagudelomartinez.blogspot.com.es/

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